Los pueblos indígenas de Suramérica son expuestos al etnocidio, frente al virus y a la marginación histórica.

Amazonia

El primer muerto cayó sobre el Valle Sagrado de los Incas. Deambulaba por la quebrada a unos 15 kilómetros del Cusco, cuando un lugareño le dio cobijo esa noche, se le veía pálido.

Andaba dando tumbos, con falta de aire, pero a cualquiera le pasa a más de 3.000 metros de altura, pensaron que estaba borracho. No quiso comer, sólo bebió mucha agua y se acostó en la cama. No alcanzó a decir su nombre.

Al amanecer, el forastero no se movía, por lo que el dueño de la casa lo empujó con una escoba y entendió que estaba muerto. Sin saber qué hacer, buscó a una autoridad. Horas después, aparecieron unos médicos en la comunidad de Willoq, cobijo de los últimos descendientes incas del distrito de Ollantaytambo, en Perú.

Aunque a las 24 horas de haberle tomado las muestras las autoridades sanitarias conocían el resultado, el muerto estuvo tres días en la casa del comunero. Nadie lo fue a retirar. Se dijo que de ese forastero, quien llegó el día antes de su muerte para enrolarse en la cosecha de papas, nunca se supo dónde más durmió o comió.

Al cuarto día de su advenimiento y muerto, el alcalde de Ollantaytambo, José Ríos Coronel afirmó que el lugareño tenía Covid-19 y dio la orden de enterrarlo.

La Covid-19 ahora se expande por los ocho pueblos indígenas que habitan el Cusco, con unos 335.000 descendientes de los originarios quechuas, yine, harakmbut, asháninka y matsigenka. A pesar del autoaislamiento de la población indígena, ahora temen que por ello -nadie entra o sale- tampoco les lleguen las provisiones.

Pero la capital arqueológica de los incas es apenas la más emblemática imagen de su cultura originaria. En Perú, donde aún se hablan 47 lenguas indígenas, la mayoría se comunica en quechua, aimara, asháninka y awajún.

 Del Cusco al Amazonas también hay una ruta turística. Un espacio concebido por “las clases dirigentes del Perú” para quienes la Amazonía sigue siendo un espacio “para la extracción de materias primas y habitado por indios que no creen en el desarrollo ni la modernidad”, afirma el escritor y periodista especializado en Amazonía, Róger Rumrrill.

 

Y sigue: “Tenemos la ilusión de que la Covid-19 también les hará cambiar su anquilosado pensamiento, sus mentes e imaginación colonizados. También nos ilusiona que habrá un impulso de las nuevas organizaciones indígenas, movimientos sociales y políticos que serán la fuerza motriz para convertir a la Amazonía post coronavirus en la renta estratégica del Perú en el siglo XXI. En una nueva Amazonía”.

¿En cuál fuente de datos aparecen los pueblos indígenas?

“La ilusión” se desvanece con la realidad. El Gobierno peruano no incluye ni una variable étnica en su estadística sobre los contagiados y los fallecidos por la enfermedad. Pero las organizaciones regionales se están encargando de los reportes locales que alcancen a su vista, porque hay indígenas en las ciudades, en los pueblos, en los bosques y donde no se sabe que están.

La viceministra de Interculturalidad, Angela Acevedo, aceptó que no existe data oficial desagregada y que las direcciones regionales de salud no consideran la variable étnica dentro de sus informes. “No sabemos de manera oficial cuántos casos hay. Estamos en el limbo sobre todo en los casos de indígenas que están en las zonas urbanas”. El Ministerio de Salud reportó 2.169 decesos por Covid-19, y en Loreto se identificaron 92 muertes, hasta el 13 de mayo, denuncia la Red Investigativa Regional.

Intento de genocidio

“La preocupación es alta porque los pueblos indígenas en general son poblaciones con alta desnutrición y anemia. También, por ejemplo, en el Departamento de Amazonas existen altos índices de VIH-SIDA”, declaró a teleSUR, Shuar Velásquez, presidente de la Cámara de Comercio de los Pueblos Indígenas del Perú.

“Por más de 50 días, desde que comenzó la emergencia nacional aquí, el Estado peruano no ha emitido ninguna norma o protocolo para afrontar este problema en territorios indígenas. Recién, hace una semana atrás, sacó un Decreto Legislativo, con un fondo simbólico de un poco más de un millón de dólares. Algo que hemos considerado «insignificante» por la magnitud del problema”

El presidente de la Cámara de Comercio de los Pueblos Indígenas informa que en Perú existen 48 nacionalidades amazónicas y cuatro andinas. Según el censo del año 2017, cerca de 5 millones de peruanos se consideran indígenas. “En la Amazonía existen cerca de 400.000 indígenas, en 11 departamentos. Muchos de estos indígenas son de contacto inicial”.

Lo que está aconteciendo frente a la pandemia es un «intento de genocidio», según denuncian diferentes organizaciones indígenas ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) entre las que destaca la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), la principal organización indígena Amazónica en el Perú.

“La Covid-19 ya llegó al departamento de Amazonas, territorio de los pueblos indígenas awajún y wampís. En esta zona ya hay 18 confirmados. En el departamento de Ucayali ya hay más de tres fallecidos con esta enfermedad, según nos ha podido informar al respecto el Consejo Shipibo-Conibo (COSHICOX)”.

     – ¿Cómo les llega la información?

“En las comunidades cercanas a zonas urbanas como Iquitos, capital del departamento de Loreto, la información nos llega vía TV, radio y prensa digital. En zonas alejadas es vía radial», dice Shuar Velásquez, originario del pueblo indígena amazónico wampís, al norte del Perú. Audio con mensaje

Los pueblos indígenas y los hospitales de los lugares donde algunos viven no cuentan con recursos como mascarillas, oxígenos, alcohol, medicamentos, pruebas rápidas o moleculares, etc. Gran parte de los indígenas están refugiándose en la medicina tradicional.??????? Audio con mensaje.

Aun así, esto no es ninguna garantía. Actualmente, los pueblos indígenas han cerrado sus fronteras -en virtud de su libre determinación- amparados en el derecho consuetudinario, están impidiendo el paso de personas foráneas, pero la enfermedad está avanzando

Estamos perdiendo la guerra

Cuando un médico dedicado al estudio de las políticas de salud pública afirma algo así, hay que escucharlo, porque el Dr. Oscar Ugarde sabe lo que dice, “estamos perdiendo la guerra en las provincias de Loreto”. Con 1.095.740 habitantes dispersos, es uno de los 24 departamentos que, junto con la provincia constitucional del Callao, forman la República del Perú. Su capital y ciudad más poblada es Iquitos, con dos hospitales totalmente saturados.

“Hasta el momento se han reportado a 34 indígenas contagiados en sus comunidades (en Loreto son 18), y seis fallecidos con síntomas de la enfermedad a los que no se les realizaron pruebas”, de acuerdo con la base de datos construida por el sitio web Ojo Público. “Sin embargo, en la información confirmada por las autoridades locales, concluye que la cifra real es nueve veces mayor”.

Es la imagen clásica de la pandemia, fosas comunes detrás del cementerio, gente que se abandona a morir en sus casas. 11 médicos, dos enfermeras y un técnico han fallecido de la Covid-19. El mayor número de personal sanitario está infectado por el virus.

«La falta de personal ha obligado a cerrar los hospitales de Requena, Nauta y Caballococha. Hay un problema con los recursos humanos, están cayendo los comandantes, los capitanes que dirigen las Unidades de Cuidados Intensivo. Es un problema bien serio. En Iquitos, en sólo entre un 40 y un 50 por ciento de los enfermos son internados”, afirma el exministro de Salud y actual gerente de Operaciones de Essalud, Dr. Óscar Ugarte.

Los sistemas de salud están colapsados, son incapaces de seguir el ritmo de la epidemia, falta información, estadísticas y atención inmediata a los pueblos indígenas, denuncia Lizardo Cauper, presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep) y Nelly Aedo, jefa del Programa de Pueblos Indígenas de la Defensoría del Pueblo.

Nos da en la cara la letra muerta. ¿En qué se convierte el dilema de la vida, frente al esfuerzo de las organizaciones internacionales? Cómo se valida el derecho a la existencia de la población indígena, que en América Latina supera los 45 millones de personas -muchos de ellos- asentados en unos 462 pueblos.

Con esta crisis sanitaria existe un “serio peligro de desaparición” de las poblaciones originarias, según el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el del Foro Indígena AbyaYala.

Otra ruta de contagio

Y es que el río Amazonas -ese gigante de brazos extendidos a lo ancho de Suramérica por más de de 6.500 kilómetros, atraviesa tres países Perú, Colombia y Brasil- pudiera convertirse en una ruta de contagio. En la “Triple Frontera” como en toda su cuenca a través de nueve países de Suramérica: Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Guayana Francesa, y Surinam, el virus no distingue nacionalidad, entre los indígenas de las riberas.

Como todo navega por el Amazonas, resulta contraproducente pretender controlar al virus de la misma forma en que lo intentan con el transporte fluvial. Al menos en Brasil, el 85 por ciento de la vía de transporte en esa zona del país y la Amazonia, se hace a través de sus aguas. Por el Amazonas -la cuenca hidrográfica más grande en el mundo- circulan los alimentos, la medicina, los suministros y hasta el posible traslado de los enfermos.

Históricamente marginados

No ha sido por falta de aviso, sino de las acciones de sus Gobiernos. En abril la coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) y sus organizaciones miembros de los nueve países de la cuenca del Amazonas, expresó en su comunicado que “los pueblos indígenas afrontan una doble vulnerabilidad producto no solo de la exclusión y marginación histórica a la que hemos sido sometidos sino también como resultado de las características y condiciones geográficas en las que pervivimos en las tierras y territorios ancestrales”.

Se trata de más de 500 pueblos indígenas y 66 pueblos en aislamiento voluntario. Aunque para algunas comunidades indígenas -de la ribera o del campo- el confinamiento no es una opción.

Las medidas contra la Covid-19 se adaptan a su realidad, al tiempo que denuncian cómo, en medio de la pandemia, los Gobiernos de la región no detienen la actividad extractivista de los recursos minerales y naturales. Al día de hoy continúan saqueando sus tierras, pese al toque de queda y los estados de excepción.

Esa desprotección a todo riesgo, también es expresada a través de un llamamiento para sostener a los pueblos amazónicos por parte de la organización religiosa “Caritas reporta que, hasta el 13 de mayo, en la Amazonía brasileña hay 27.482 casos de coronavirus confirmados y 1.722 fallecidos, en la boliviana, hasta el momento hay 1.389 casos confirmados y 60 fallecidos.

Los dos departamentos de Colombia con la mayor tasa de incidencia son amazónicos: Amazonas y Meta. La ciudad de Leticia (Amazonas), en la triple frontera entre Perú, Brasil y Colombia cuenta con 230 casos confirmados, de los cuales el 88,2 por ciento son atendidos en casa y el 6,5 por ciento se encuentran hospitalizados, aunque ninguno está siendo atendido en UCI”.

Sabe uno donde nace

En el Cusco se han confirmado cuatro muertos y ninguno es de allí. La Dirección Regional de Salud dice que suman 200 casos positivos a la Covid-19, tres fallecidos extranjeros (de México, China y Gran Bretaña) y un poblador en Willoq.

Llegar al Cusco ceremonial y morir así, es casi una ironía, sobre todo para los originarios. Los indígenas tienen todo un ritual para el día de la muerte, según la región y los ancestros.

Para los incas, como mínimo Coca k’intu, ofrenda de flores a la divinidad. Tres hojas de coca, ofrecidas a los tres mundos: el de los dioses, el de los humanos y el de los muertos. Para el desconocido, fuente de contagio de los originarios de Willoq, con suerte hubo algún rezo, allanando su paso a otra forma de vida.

Sólo se le escuchó decir a un alma noble: “se nos adelantó”. Porque el personal del municipio enterró al forastero incógnito donde les dijeron, al cuarto día de fallecido. Cavaron un hoyo bien profundo y ahí lo metieron.

Pluma de Río
Author: Pluma de Río

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