El pedido tiene años, pero ante el silencio e incluso el amparo de las autoridades, ambientalistas y vecinos de la zona de islas volvieron a exigir al gobierno de Victoria su intervención y la de la policía para evitar la constante producción de desmanes y ruidos que afectan al sector del Paraná Viejo.

Fiestas en Victoria

El reclamo, ya hecho por canales oficiales, se ratificó ahora con la recolección de unas 300 firmas a través de una petición on line y apunta al área que va desde el puente Rosario-Victoria hasta el paraje El Charigüé y sus alrededores, un sector declarado reserva natural.

Integrantes de El Paraná No se Toca volvieron a denunciar que los eventos masivos, como fiestas electrónicas, se repiten e incluso son habilitados por Victoria pese a que fueron «desaconsejados por un informe de la delegación de islas»; mientras tanto, en la zona, los vecinos aseguran que «no se puede vivir ni trabajar».

El pedido circuló a través de Avaaz.org.ar, un sitio web de peticiones de la comunidad, donde vecinos, residentes y visitantes de las islas, con unas 300 firmas, volvieron a exigir la «urgente intervención policial, o de la autoridad correspondiente, frente a la gran contaminación sonora que sufre el sector de islas en el Paraná Viejo».

Como ya venían denunciando ambientalistas, el sector que fue declarado reserva natural por ordenanza del Concejo de Victoria en 2003 es escenario constante de contaminación sonora con convocatorias masivas irregulares, pero que en oportunidades son avaladas por las autoridades de la localidad entrerriana.

La contaminación

Los firmantes hacen referencia no sólo a las fiestas «sin control» organizadas por los paradores de la zona, sino además a la presencia de «lanchas y yates con música a bordo, donde se bebe alcohol y se consumen otras sustancias, y en casas de fin de semana».

«Todo esto —continúa la petición— altera el ecosistema e impide que los que disfrutamos de la isla como es, podamos hacerlo».

Allí se reclama «un pronto ordenamiento de todo el sector, el cual se haya desprotegido y avasallado por diferentes tipos de contaminación que afecta a los vecinos, visitantes, la flora y la fauna».

Viejo reclamo

El Paraná No se Toca es una de las organizaciones que lleva tiempo sosteniendo el reclamo, incluso a través de los canales formales del gobierno de Victoria.

«El año pasado fuimos y mostramos todas las pruebas. Nos respondieron que las fiestas eran clandestinas ya que no tenían pedidos de autorización; sin embargo, este verano el parador Garden pidió autorización al municipio y le fue concedida para mil entradas de las que el municipio se lleva un porcentaje, que parece ser lo único que le interesa», detallaron, e incluso recordaron que eso sucedió pese a que «la delegación de islas emitió un informe donde desaconsejaba estos eventos masivos».

Mientras tanto, los problemas se suceden cada verano. «El impacto en el humedal se sigue haciendo, la música de una disco al palo en medio de la isla, algo que a pocos parece importarle en este entorno natural supuestamente protegido, genera daños además de molestias», indicaron.

De eso sabe y mucho una vecina de la zona del Paraná Viejo. Allí, las propuestas de meditación y relajación en el espacio suelen ser poco compatibles con las fiestas que se prolongan hasta muy tarde.

«Las fiestas terminan después de las 10 de la noche, un horario que ya es demasiado para la seguridad en el río —consideró—. Pero a eso se suman los residuos que quedan de esas convocatorias y gente dando vueltas, como se dio en los últimos fines de semana, cuando el ruido se extendió hasta las 6 de la mañana tras haber arrancado a las cinco de la tarde del día anterior. Todo esto no nos deja ni vivir ni trabajar tranquilos».

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