Todos sabemos que el hombre necesita en el Delta, el transporte fluvial para el desplazamiento de continente a isla, de isla a isla, para paseos, realizar tramites, trabajar, estudiar y hasta para cargar víveres, mercaderías, productos y materiales de distinto peso y tamaño.

por: José María Frías

 

Si tuviera que hacer una clasificación por importancia de embarcaciones del Delta; la más emblemática sería la CANOA ISLEÑA; por su utilidad, practicidad y capacidad probada.

Saludo Isleño
Canoa Isleña

Rústica, a veces techada, apta para carga y descarga, de fácil montaje para un motor, de madera, de fondo plano; esta embarcación de aspecto longilíneo de poca manga, con casi doble proa, con ligera redondez en popa, que consigue una buena navegabilidad en poca profundidad o en aguas turbulentas, es emblemática en los ríos y arroyos del Delta, evolucionando según los tiempos y acorde a las necesidades del poblador.

Le sigue, la LANCHA COLECTIVA (que serían como la evolución de la CANOA ISLEÑA y los BARCOS A VAPOR de PASEO, que también usaron en muchos casos el diseño de la canoa); aquella que parte de la Estación Fluvial de Tigre, del Puerto de Campana o el de Escobar; llevando y trayendo vecinos, estudiantes, empleados y turistas; estos últimos especialmente durante el fin de semana y vacaciones, cuando se navegan abarrotadas de gente y bolsos en sus techos.

El León VIII
El León VIII – Foto original: Cecilia Cambieri

Al igual que las lanchas colectivas y muchos barcos a vapor, el mismo diseño de la canoa isleña, fue utilizado para las características LANCHAS ALMACENERAS, que abastecen de productos y víveres a los pobladores y turistas; las CHATAS, el equivalente a los camiones de la ciudad; y de mucho menor tamaño y capacidad, muchos de los BOTES A REMO de los tradicionales clubes que bordean los Ríos Lujan y Tigre, y que especialmente durante el fin de semana, salen por los principales cursos de la primera sección.

Chata Anita
Chata Anita – Foto original: Gabriela Tersigni

El tiemplo, el avance tecnológico naval y el aumento del flujo turístico, dio lugar a la llegada de los CATAMARANES, con mucha mas capacidad, comodidad y velocidad que los vapores de antaño y las lanchas colectivas.

 

En cuanto a las históricas, no podemos olvidar a la IGLESIA FLOTANTE CRISTO REY; que fue considerada en la época como única en el mundo; con un casco construido en Glasgow (Escocia); y remodelación realizada en los Astilleros de Obras Públicas de la Nación; en base a planos concluidos en noviembre de 1935.

Barco Iglesia "Cristo Rey"
Barco Iglesia “Cristo Rey”

Tenía una capilla para 150 personas, sacristía, despacho parroquial, comedor, cocina, 3 camarotes y baño para los sacerdotes, 2 camarotes y servicio para la tripulación; hasta que en 1952 navegó el Delta (el ultimo tiempo a remolque) debido a lo irrecuperable de su motorización, fue desarmado.
Podemos encontrar hoy un oleo del barco en el Museo de la Reconquista Tigre.

La cúpula fue donada a la Policía de Islas; que la conserva y exhibe en su Cuartel Central, frente a la costa del Río Paraná de las Palmas y Río Carapachay de islas de Tigre.

Algunas de estas embarcaciones emblemáticas del Delta, empezaron prestando sus servicios en estos ríos, trascendieron la región para la que fueron construidas y terminaron navegando lejos de ellos, con distinto desenlace.

Esto me lleva a compartir 2 historias particulares sobre ellas.

  • La primera historia, nos remonta a la época de los Vapores de Paseo.

A principios del siglo XX, los domingos a las 20.00 horas se podía partir desde la Fluvial, a bordo del barco “Bernardino Rivadavia”, de casco de acero remachado, con capacidad para hasta 200 personas, y disfrutabas de una excursión, amenizada con una orquesta; arribar y cenar en el Recreo Tres Bocas, de islas del Tigre; y regresar a las 23.00 al continente.

Bernardino Rivadavia
Bernardino Rivadavia – Foto original: Archivo General

Había otros recorridos, inclusive a las islas de San Fernando; como enuncia el aviso publicitario de la época.

Folleto de la época
Folleto de la época

Si hoy quisiéramos revivir lo que es navegar a bordo de este tipo de embarcaciones (eso sí: sin orquesta), tendríamos que ir al puerto de Rosario (Provincia de Santa Fe); de donde parten excursiones a sus islas, con un barco casi igual, del mismo constructor y época, el “Nicolás Ambrosoni”, en impecable estado, rebautizado “Delta Queen”.

Ex Nicolas Ambrosoni
Ex “Nicolas Ambrosoni”, hoy “Delta Queen”- Foto original: Gustavo Puceiro
  • La segunda historia, es de dos lanchas colectivas, que empezaron navegando los ríos del delta, el destino las encontró en lagos del sur argentino, con un mismo final: el naufragio.

Una de ellas, fue la “Egea Hnos II”, construida en 1939 (hermana de la “Egea”, que llevó en 1938 a Leopoldo Lugones, decidido a terminar con su vida, al recreo Tropezón); empezó haciendo el recorrido diario Tigre-Campana, pasando por los Ríos Luján, Canal Arias, Paraná de las Palmas, Canal La Serna y Arroyo Durazno.

Egea III
Egea III – Foto Original: La colectiva del Delta

La otra lancha, llamada “Rápido IV” (1944), supo navegar entre Tigre y el Río Carabelas, llegando hasta la Boca del Canal Alem.

EL Rápido IV
EL Rápido IV llega a Bariloche – Foto original: La colectiva del Delta

Ambas, se incorporaron en 1948 a la flota y recorridos de la Linea Delta Argentino.

En 1958, una empresa de excursiones que hizo pié en Bariloche, llamada “Turisur S.R.L.”; adquirió ambas embarcaciones para que naveguen el Lago Nahuel Huapí; por lo que tuvieron que ser trasladadas con vagones de carga especiales del ferrocarril Roca, hasta allá.

El Rápido IV
El Rápido IV en Bariloche: Foto Original: La Colectiva del Delta

El tiempo e intereses económicos las separó y terminaron en lagos distintos de la villa turística, pero con un mismo final: el naufragio, afortunadamente sin víctimas.

El 22 de mayo de 1960 una enorme ola (la llamaron lagomoto) en el Nahuel Huapí, provocada por un fuerte terremoto en Chile, destruyó el antiguo muelle del puerto San Carlos y las embarcaciones allí amarradas; excepto la conocida “Modesta Victoria”, que se salvó de milagro y aún navega. Entre las naves hundidas aquella oportunidad, está la “Rápido IV”, que terminó con graves averías, a 50 metros de profundidad.

Mientras tanto, en 1970, la “Egea Hnos II” (vuelta a rebautizar, primero como “Arroyo Ceibo”; luego como “Correntoso” y después como “Padre Mascardi”, ya perteneciendo a un particular), en uno de sus viajes, esta vez sobre el lago que llevaba su última denominación; se hundió en sus frías aguas para siempre.

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