Ivanka Trump inauguró hoy, lunes, la Embajada de EEUU en Jerusalén dando un golpe mortal al diálogo de paz israelo-palestino que pasa por el peor momento de su historia. Tanto Israel como Palestina consideran “la ciudad santa” su capital.

 

Nakba
La mudanza de la sede diplomática estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén coincide con la celebración del septuagésimo aniversario de la creación del Estado de Israel (el 14 de mayo de 1948), y de “LA NAKBA”  (La Catástrofe que supuso “para los vencidos” la ocupación de la Palestina histórica).

Una decena de países, entre ellos, Honduras, Guatemala y Paraguay, seguirán los pasos de Donald Trump, tras ser comprados por “la política del dólar” del Estado hebreo, que, como todos sabemos, condena al ostracismo a todo aquel que se atreve a cuestionar “al pueblo elegido por Dios”.

La decisión de Israel de usurpar oficialmente a los palestinos “Al Quds” (Jerusalén Este), abriendo la sede de la Embajada Usa (a las 16:00 horas de este lunes), en el barrio de Arnona (sureste) la zona más alta de la ciudad, supone un duro golpe al pueblo palestino (los antiguos filisteos de la Biblia), que ya han perdido el 78% de su territorio. Jerusalén Este fue ocupada por Israel durante la Guerra de los Seis Días (1967).

Ivanka Trump, hija y brazo derecho del 666 de la Casa Blanca, representó a su papá en la ceremonia de apertura de la delegación diplomática en Jerusalén, cuyo embajador David Friedman, es uno de los personajes más odiados por el presidente palestino, Mahmud Abbás, que le tachó recientemente de “hijo de perra”, por su manifiesto desprecio a las aspiraciones del pueblo palestino.

Las relaciones entre Palestina e Israel están pasando por su peor momento histórico (con la pasividad y el lavado de manos de Europa). Las políticas sionistas del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu (de extrema derecha), han contado desde el principio con el apoyo incondicional de Donald Trump. Esto ha envalentonado al pequeño David (poseedor de uno de los arsenales nucleares más peligrosos del mundo), quien no duda en echar más leña al fuego en la región, convirtiéndola en un gigantesco polvorín que podría estallar de forma “sorpresiva” mientras dormimos al otro lado del Mediterráneo.

Trump, cuyos millones, posición privilegiada y cobardía de Europa, le están salvando por ahora del manicomio, ha decidido “casarse” con Netanyahu para reforzar su dominio en la región, arrodillar a Irán ,y, de paso, dar un bofetón a Rusia.

Este juego bélico, con el reciente intercambio de fuego entre Tel Aviv y Teherán, tiene por objeto recordar a los olvidadizos el mantra de “América First” y quién manda en el mundo y en Oriente Medio, región que si no fuera por el petróleo, viviría en el olvido.

Netanyahu, cuyo gobierno construye casas para 600.000 colonos judíos en la parte árabe de Jerusalén y en la Cisjordania ocupada, advirtió hace unos días a Teherán de que “si llueve sobre Israel, diluviará en Irán”.

Con la humillación constante del pueblo palestino y reforzado por Donald Trump y el poderoso lobby judío estadounidense, Netanyahu ha puesto más combustible a la apisonadora del apartheid y el limpieza étnica en Palestina ,y ha dado una serie de pasos  que contribuirán a crear un mundo más inseguro. Cualquier conflicto que estalle en Oriente Medio (lo que ya sabemos por experiencia) impactará en el corazón de Europa.

Günter Grass, considerado una de las conciencias de Europa, así lo fue Eduardo Galeano de América Latina, ya nos advirtió de que colocar más misiles con cabezas nucleares en la frontera con Rusia y dar “alas atómicas” a Israel (sin esforzarse por encontrar fórmulas de paz) es como dar comida a un monstruo que, si cambia de chip, podría devorarnos.

Israel ha prometido que, si algún país árabe se atreve a “pasar sus líneas rojas”, recibirá un castigo bíblico nunca visto hasta ahora. Es decir, si hay errores de cálculo, no sería descartable una Tercera Guerra Mundial.

La inauguración de la Embajada de Estados Unidos en Jerusalén, decisión tomada por Donald Trump el pasado 6 de diciembre,  ha coincidido con las protestas de la Gran Marcha del Retorno, que comenzaron el pasado 30 de marzo en la verja fronteriza y que se han saldado, hasta ahora, con cerca de 90 palestinos muertos (37 este lunes)y más de 10.000 heridos (1.700 este lunes).

Esa masiva movilización, que exige el fin del apartheid y la devolución de la Palestina ocupada, se ha celebrado durante siete viernes consecutivos (Día de Oración y Lucha), y está previsto que concluya mañana, 15 de mayo, día que el pueblo palestino conmemora “LA NAKBA” (La Catástrofe), lo que hace referencia a los sucesos ocurridos antes y después de la guerra de 1948, cuando más de 750.000 palestinos fueron expulsados a la fuerza de las tierras que ocupaban desde hacía siglos sus antepasados

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