En el marco de la marcha contra el 2×1 a los genocidas, en el preciso momento que se realizaba la denuncia a los represores, sonaron las campanas de la Catedral de Buenos Aires. Los ecos actuales de un pasado sangriento y una provocación de quienes pregonan la “reconciliación” con los asesinos del pueblo.

 

 

Eran las 19:09 cuando escuché los campanazos. Cuarenta minutos antes había decidido salir, pero sólo había logrado avanzar una cuadra. La Plaza de Mayo y sus alrededores rebalsaban de pueblo y de pañuelos blancos. Desde el escenario se escuchaban las voces de las madres. Antes, habían leído las adhesiones de las personalidades de la cultura contra el 2×1 a los genocidas; ahora, denunciaban con nombre y apellido a esos genocidas. Fue ahí cuando empezaron a sonar. El repiqueteo de campanas intentaba tapar los nombres del horror, ese sonido hueco provenía de la Catedral de Buenos Aires, templo y refugio de los enemigos del pueblo.

La misma Iglesia Católica Argentina que cerró sus puertas cuando las Madres reclamaban por sus hijos. La misma catedral que protegió a genocidas de su seno, como al mismísimo Von Wernich. La misma curia que se llamó al silencio y bendijo las armas de los represores.

La iglesia de Bergoglio, el actual Papa Francisco, que no se pronunció contra el 2×1. Ese templo que promueve la “reconciliación” y el “perdón” con los asesinos y apropiadores de bebés, ahora, dobla sus campanas para tapar la denuncia contra sus hijos pródigos: los genocidas del proceso, los responsables de la desaparición de treinta mil compañeros.

Apretujados, en medio de un pasillo humano, nos miramos con desconcierto. No dábamos crédito a lo que escuchaban nuestros oídos, pero se oía claro: campanazos contra el discurso de las Madres, campanazos por la impunidad. Alguien gritó que era una provocación y miles de voces se plegaron en coro: “iglesia, basura, vos sos la dictadura”.

Miré mi reloj, las 19:09, ni siquiera se justificaba el cambio de horario. Adentro del templo, desde el campanario, algún religioso fascista agitaba con fuerza los fantasmas del ayer. Afuera, en las calles, medio millón de personas rechazamos el fallo de la corte, el 2×1 no pasará. El pueblo argentino copó las plazas de todo el país, con los pañuelos blancos al viento, volvió a decir: nunca más.

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