Sin acuerdo con la Unión Europea ni dentro de la Organización Mundial del Comercio, la segunda semana de diciembre cierra mal para el gobierno de Cambiemos.

 

La semana que termina este viernes 15 no será recordada con afecto por Cambiemos, pues cierra con tres derrotas políticas: la incapacidad de pasar por el Congreso la reforma previsional, el fracaso del acuerdo de la Unión Europea (UE) con el Mercosur, y falta de acuerdo para cerrar siquiera una declaración en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Estos últimos dos casos, además de ser una doble derrota para el gobierno argentino, representan una versión condensada de las tensiones del capitalismo a escala global.

La respuesta, en todos los casos, no parece ser la autocrítica, sino limitarse a impugnar a la oposición e intensificar la represión. La OMC debió sesionar con decenas de personas cuya acreditación fue denegada,  dos deportadas (Petter Titland logró finalmente ingresar al país, tras reclamos del gobierno noruego), a escondidas del público masivo, que nunca supo qué destinos se cocinaban en Puerto Madero y alrededores. Y claro, la represión, que se llevó tres personas detenidas. Ésta es la imagen que Cambiemos ofreció al mundo: los debates del capitalismo global se darán a puertas cerradas, de espaldas a las mayorías, reprimiendo las disidencias.

La OMC llegaba a Argentina para su 11° reunión ministerial con múltiples desafíos por delante. Por el lado de la agenda, la OMC en su anterior reunión no fue siquiera capaz de acordar el cierre o no de la Ronda de Doha, que incorporó temas del desarrollo a sus negociaciones, buscando dar alternativas de política a los países de la periferia.

Entre otros puntos, se arrastraba desde Bali la posibilidad de acumular stocks de alimentos para enfrentar potenciales hambrunas. En la cuestión agropecuaria se cruzan las necesidades de las economías periféricas con las políticas de subsidios de los países centrales. Tras la veloz desgravación de los bienes industriales (en especial, durante los años ’90), que permitieron consolidar cadenas globales de valor, la OMC tuvo problemas para avanzar en nuevos temas que se sumaron. Entre ellos están los derechos de propiedad intelectual, la facilitación de inversiones, y la liberalización del comercio de servicios, en particular, el comercio electrónico. Justamente, estas dificultades para avanzar en temas relevantes, hizo que las potencias globales –incluyendo a la ascendente China- buscaran alternativas mediante acuerdos bilaterales y plurilaterales, donde pudieran hacer valor todo el peso de su poder. Estados Unidos, por ejemplo, bloquea la OMC como órgano para resolver diferencias, prefiriendo usar sus propios tribunales y jurisprudencia.

Las presiones cruzadas sobre estas agendas no encontraron puntos de acuerdo, y la reunión cerró sin declaración oficial, con delegaciones retirándose antes de tiempo. La incertidumbre sobre el rumbo de la economía global y las disputas entre potencias, y de los países del Sur global con éstas, bloquearon alternativas multilaterales. De continuar este rumbo, el mundo parece dirigirse hacia una división en grandes bloques, otro paso atrás en la perspectiva celebratoria de la globalización. Desde 2008, el comercio internacional ha crecido a una tasa tres veces menor a la que crecía antes del estallido de la crisis.

Cambiemos quería presentar como logro inmediato en este marco el acuerdo entre la UE y el Mercosur, para lo cual negoció muy aceleradamente junto a sus pares brasileños una propuesta claramente negativa para nuestras economías. La UE –sumida en sus propias tensiones- ofreció términos muy desventajosos para el Mercosur, que implicaban duros términos para la industria local, en especial para la cadena automotriz, la textil, del calzado, la química y petroquímica. Todo indicaba que implicaría una mayor presión extractiva sobre los recursos de nuestra región. Pero a esto, se conoció, la posición negociadora local había hecho concesiones incluso en materia de productos primarios sensibles a las economías regionales, como son limones, naranjas, mandarinas, merluza, vieiras, calamares, ciruelas, frutillas congeladas, huevos, miel y aceite de oliva. Pero ni esto fue suficiente para quebrar las resistencias dentro de la UE, que hubieran permitido aumentar las cuotas de carnes vacunas, etanol y biodisel, únicas prendas de cambio requeridas desde estas latitudes. El acuerdo no alcanzó buen puerto ni aún con la expresa voluntad de ceder de parte de Macri y Temer.

De conjunto, el momento que iba a coronar la estrategia de “vuelta al mundo” de Cambiemos acaba con una doble derrota, sin anuncios ni perspectivas que ofrecer. Se combinan aquí una mala lectura del escenario mundial con una mala estrategia geopolítica. El mundo se encuentra en crisis desde 2008, y ese encuadre explica múltiples tensiones en torno a los flujos de capitales y mercancías. No estamos frente al mundo de los años noventa, y apostar a una liberalización irrestricta no ofrece ningún resultado.

Frente a este páramo devastado, esta semana también sesionó en Buenos Aires la Cumbre de los Pueblos, “Fuera OMC, construyendo soberanía”. Convocado por múltiples organizaciones, debatiendo democráticamente en foros especializados, la Cumbre paralela sí arribó a acuerdos mutuos, tal como se refleja en la declaración final elaborada colectivamente. Los gobiernos del capital buscan presentarnos sus decisiones como el flujo natural de la civilización, tan irremediable como inmediato. Frente a ello, desde abajo y confluyendo, las resistencias muestran que otros mundos son posibles, y valen la pena luchar por ellos.

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